Las preguntas más frecuentes

Cada sesión tiene una duración de aproximadamente 50 minutos. Este tiempo es suficiente para profundizar en los temas clave, pero también para que tu hijo/a pueda sentirse cómodo y escuchado sin prisas.

Al principio, suelo recomendar una sesión semanal para que podamos avanzar de forma constante, y que tanto el adolescente como la familia podáis notar cambios más rápidos. A medida que vayáis progresando, podemos ir espaciando las sesiones según lo que os resulte más cómodo y efectivo. Pero por supuesto, me adapto a vuestras necesidades.

Depende del caso, pero normalmente el trabajo terapéutico será principalmente con el adolescente. Es importante que tenga un espacio propio, seguro y confidencial, donde pueda hablar con libertad. No obstante, vuestra participación será clave en muchos aspectos. Si vamos de la mano, le daremos a vuestro hijo/a el apoyo justo que necesita para avanzar.

Esto es algo muy habitual, y eso no significa que la terapia no vaya a funcionar. En terapia respetaré su ritmo y me centraré en crear un espacio seguro. 

Si no quiere venir, puedo empezar trabajando con vosotros para facilitar el acercamiento. A veces, solo con no sentirse presionados, empieza a cambiar algo.

Sí, funciona igual de bien en la mayoría de los casos.

Para muchos adolescentes es incluso más fácil, porque están en su entorno, se sienten más seguros y les cuesta menos abrirse. La relación terapéutica, que es lo importante, se construye igual que en presencial.

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